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Malí, el desierto en llamas.

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Vega1
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Fecha de inscripción : 08/12/2012
Edad : 41
Localización : Moa, Holguín, Cuba.

Malí, el desierto en llamas.

Mensaje por Vega1 el Dom Ene 20, 2013 2:40 am

Con su intervención en Malí, Francia ataca el nuevo bastión del
islamismo radical que amenaza convertirse en un nuevo Afganistán. Pero
detrás de la peligrosa operación también se esconden intereses menos
loables.



“Vive la France” gritaban los transeúntes la semana pasada en las calles
de Bamako, la capital de Malí, al paso de los blindados franceses
enviados in extremis por el presidente François Hollande. La
intervención gala, sin duda, evitó que el país cayera bajo el dominio
islamista. Pero la situación se les había salido de las manos desde
hacía meses.

Es que en Malí, un país africano pobre,desértico y olvidado, existe la misma combinación de miseria,
extremismo religioso y tráfico de drogas que llevó al Afganistán de los
Talibanes a convertirse en el escenario ideal en el que los terroristas
de Al Qaeda planearon el ataque del 11 de septiembre. Allá no solo hay
islamismo radical, sino cantidades de armas a disposición y toneladas de
cocaína que transitan hacia Europa. Plomo, dinero y guerra santa, una
trinidad que Francia está intentado destruir desde la semana pasada para
evitar que surja un estado terrorista a las puertas de Europa. Pero no
solo se trata de razones estratégicas y geopolíticas, porque París
también protege en Malí sus intereses económicos en una región que hasta
hace unas décadas era su colonia.

En marzo de 2012, un sector militar derrocó al presidente Amadou Toumani, lo que
creó un vacío que permitió a los rebeldes tuareg tomarse el norte de
Malí. Se trata de un país nacido en 1960 con fronteras trazadas por
burócratas europeos, y dividido entre un norte desértico, poblado de
nómadas árabes y un sur negro, sedentario, que concentró todos los
poderes.

A la rebelión del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), un movimiento predominantemente laico,
se unieron los extremistas islámicos de Ansar Dine (Defensores de la
Fe), el grupo radical Al Qaeda del Magreb Islámico (Aqmi) y el
Movimiento para la unidad y el yihad en África Occidental (Muyao). Los
nuevos rebeldes impusieron la sharia (el código islámico) y
multiplicaron los secuestros de extranjeros. Muchos de ellos provenían
de las milicias mercenarias del caído Muhamar Gadafi, por lo que
regresaron fuertemente armados, y se enriquecieron gracias al tráfico
de drogas que transita por Malí en su camino a Europa. Ahora, los
fundamentalistas dominan un área tan grande como la India, pueden lanzar
ataques relámpago a cientos de kilómetros y están a tan solo un par de
horas en avión de París.

El viernes pasado,después de meses de estancamiento, muyahidines (combatientes de la fe)
rompieron el frente. El ejército de Malí, en pánico, huyó. Bamako, hogar
de 6.000 franceses, estaba en la mira, y París, después del llamado
desesperado del gobierno maliense, precipitó sus cazabombarderos para
detener a los extremistas. Si no reaccionaban, era cuestión de semanas
antes de que Malí se volviera un nuevo Afganistán o como lo llamó un
periódico local “un imperio narcoislamista”.


Después de contenerlos, la contraofensiva siguió. Efectivos franceses atacaron
convoyes de camionetas artilladas, bases, depósitos y centros de
comando, y enviaron fuerzas de choque para enfrentar cuerpo a cuerpo la
avanzada islamista. Pero el grado de incertidumbre acerca de su éxito
es grande, pues el ejército francés restringe el acceso de los
periodistas y solo ha mostrado tropas impecables preparándose para la
batalla, aviones atestados de bombas y misiles y columnas de blindados
avanzando sin miedo hacia el enemigo. La realidad es más azarosa, pues
los galos ya perdieron un piloto de helicóptero y es probable que la
ofensiva terrestre se lleve más vidas. Del lado de los islamistas se
habla de cientos de muertos.


La versión oficial en París es que Francia movilizó su ejército, uno de los más
poderosos del mundo, para acabar con la barbarie terrorista. Para ello
se aseguró cierto apoyo internacional con una resolución de la ONU y con
3.000 soldados de países africanos aliados. Mansouria Mokhefi,
responsable del programa Medio Oriente-Maghreb en el Instituto Francés
de Relaciones Internacionales, le dijo a SEMANA que “lo primero fue
detener una ofensiva que sorprendió a todos. Después luchar contra los
terroristas para preservar la seguridad de Francia y de Europa. Y claro,
Francia no podía dejar que sus intereses en África fueran
cuestionados”.


Es que, como en toda guerra, detrás de los discursos altruistas hay objetivos menos loables. Malí,
como gran parte de África occidental, fue por más de 60 años una colonia
francesa. Y puede que ahora sean países independientes, pero Francia
sigue omnipresente. En Malí hay reservas petroleras y gasíferas, uranio y
es el tercer productor de oro del continente. Si muchas de estas
riquezas aún no han sido explotadas, en el Níger vecino las
multinacionales francesas tienen minas de uranio vitales para sus
centrales nucleares. Para París, si Malí cae, toda la región se
desestabiliza. Y eso es pésimo para sus intereses económicos.


En África más de uno piensa que la intervención va a terminar en un
neocolonialismo, al imponer un gobierno leal y servil para París, como
lo han hecho tantas veces los países europeos en el continente. Como
escribió el diario La Liberté de Argelia en su editorial Francia “no
resistió la tentación de proteger su coto privado. Cuando sus intereses
están amenazados en África, París se pone su traje de gendarme y envía
sus helicópteros”.


La guerra también le permitió a Hollande escalar en los sondeos. Jean-Yves Moisseron, jefe de
redacción de la revista Maghreb-Machrek y economista del Instituto de
investigación para el desarrollo, le dijo a SEMANA que “la guerra reúne
a la nación en una verdadera unión sagrada. Contribuye a darle a
Hollande una estatura internacional y borra una de las críticas que más
le han hecho: su falta de decisión”. En Malí recibieron a las tropas
francesas como héroes y en Francia más de 60 por ciento de los
ciudadanos respaldan la decisión.


Por ahora pocos se preguntan cuánto tiempo puede tardarse el operativo, si es
legítimo apoyar un gobierno producto de un golpe de Estado o si no era
mejor esperar que las negociaciones con los islamistas avanzaran. Y lo
peor es que la guerra en Malí puede volverse una ratonera para Hollande.
Como se vio en Afganistán o Irak, la ofensiva y el avance de las tropas
es la parte menos difícil, pues Kabul o Bagdad cayeron en un par de
semanas. Lo duro vino después. Reconstruir un país e imponer la
democracia al estilo George W. Bush es una utopía peligrosa. Si algo
dejó claro la guerra gringa contra el terrorismo es que se sabe cuándo
empieza pero no cuándo termina.


Como le explicó a SEMANA Bérangère Rouppert, del grupo de investigación e
información sobre la paz y la seguridad, “hay un problema: ¿Hacia donde
vamos? ¿Cuál es la estrategia a mediano y largo plazo? ¿Si los
africanos van a tomar el relevo, qué capacidad militar tienen? Con esas
dudas podemos pensar que los franceses estarán mucho tiempo en Malí. Y
lo peor, la intervención alimenta la causa de los islamistas, que pueden
atraer nuevos reclutas, seducidos por una lucha que es a la vez
anticolonialista y contra Occidente”.
Tomado de:http://www.semana.com/mundo/articulo/mali-desierto-llamas/330035-3

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